viernes, 23 de diciembre de 2011

Si hay que jugar, se juega. Pero jugar por jugar...

Los dos partidos de cada temporada entre Barça y Real Madrid en Liga son, además de apasionantes, impepinables.

Ahora resulta que, como ni a culés ni a merengues les da por pinchar en eliminatorias, se está haciendo inevitable que, si o si, acaben por encontrarse también en la Copa del Rey, Champions y, claro, en la Supercopa de España.

Eso da un mínimo de seis encontronazos si las bolas calientes deciden que jueguen las finales de Copa y Champions. Y un máximo de ocho si, como va camino de pasar este año, la coincidencia se da antes de las finales. Esto es, una media de un partido cada mes y medio.

De momento, en enero se encontrarán, si todo va según lo previsto, en cuartos de final de la Copa.

Los seis partidos de 2011 han levantado ampollas, y como novedad, han estado bien... Pero el Jabugo a diario, se convierte en mortadela.

Hace diez años, una hipotética final Barça-Madrid en Champions, hubiese sido el partido de todos los partidos, pero al paso que vamos, esa irremediable final se confundirá entre la marabunta de "clásicos del siglo" que se juegan cada año.

O sea, que si hay que jugar los cuartos de final contra el Real Madrid, se juegan. Pero jugar por jugar...

martes, 20 de diciembre de 2011

Sin derecho a réplica.

Cuando José Mourinho señaló el camino a seguir por el madridismo al meter su dedo índice en el ojo derecho de Tito Vilanova, el aparato de comunicación blanco se ocupó de dejar muy claro, después de reconocer, esta vez sí, que el plenipotenciario Mourinho se había pasado, que el segundo de Pep Guardiola había ofendido gravísimamente al banquillo blanco.


¿Pruebas de esos insultos? Ninguna. ¿Para qué? Contra más espeso es el jardín en que se mete Mou, más se afanan sus jardineros mediáticos en hacer un arreglo floral de lo más aparente.

La estrategia de elevación del técnico portugués a los altares de la educación y el fair play se ha basado, en gran medida, en la satanización de un Guardiola mea colonia, hipócrita y sumo pontífice de la falsa modestia. Vamos, una especie de expiación por contraposición.

Quizá haya algo de verdad en que Pep lleva al límite su papel buenista, pero parece absolutamente indiscutible (para la gente mínimamente normal) que es mejor pecar de un exceso de educación que de una sistemática falta de respeto, por mucho que tengas montado un tinglado propagandístico a tu alrededor que te ría las gracias, ignore o minimice tus pasadas de frenada y ensalce hasta el infinito, y más allá, tus hermosos gestos de caballerosidad (?).

Saludar a Tito Vilanova en el Bernabéu no demuestra que seas buena persona, sino que dominas los medios (o que algún asesor te obliga a pasar por el aro). Al fin y al cabo, dar la mano y desear una pronta recuperación a alguien con un problema de salud al que agrediste unos meses antes, no es un gesto destacable, es lo mínimo exigible a un personaje de la trascendencia del entrenador portugués (¿alguien ha alabado a Tito Vilanova por devolver el saludo a su agresor?).

Por todo ello, no es de extrañar que, una vez más, la caverna entienda como una impresionante muestra de deportividad el hecho de que Mourinho “felicite” al F.C. Barcelona por su conquista del Mundial de Clubes.

¿Es normal felicitar, a quien sea, destacando que su triunfo se basa en ganar “dos partidillos”? ¿Qué dirá Mou de esos "partidillos" si algun equipo suyo llega a jugar un Mundial de Clubes? Para felicitar así, mejor que se calle.

Pero lo que realmente es de juzgado de guardia, es que las repuestas a los atropellos mourinhistas, se utilicen por la caverna como demostración palmaria de lo bueno que es el amigo Mou y lo desagradables que son los prepotentes culés o periféricos.

Mourinho salió como una pobre víctima de su rifi-rafe con Manolo Preciado, al que acusó de falta de profesionalismo por regalar partidos al “otro equipo”. El bueno de Preciado dijo que si Mourinho pensaba (en condicional) realmente lo que había dicho, era un canalla (si realmente lo pensaba), y la caverna saltó a degüello sobre el técnico cántabro del Sporting de Gijón, al que acusó de incitar a la violencia. ¿Quién había empezado?

Ejemplos de este tipo, hay tantos como animaladas ha dicho Mou, y el último será sin duda, el pim pam pum al que, a falta de otras noticias, someterá la Central Lechera a Dani Alves, que en respuesta a la felicitación envenenada de José Mourinho, se ha atrevido a declarar que “la envidia es muy mala”.

Pobre Alves. No sabe donde se ha metido.

Después de tantos años en España, aún no sabe que el madridismo no acepta el derecho a réplica.

El sinvergüenza, el chulo, el proxeneta y los manipuladores a sueldo.


El  respeto a esos pocos y sufridos lectores que han conseguido hacerme creer que una recopilación de susurros críticos con los megáfonos cavernarios podía llegar a tener una mínima repercusión, ha hecho que un tono cada vez más moderado se apodere de este blog.

Pero ahora sí que sí. Finalmente, se me han hinchado las pelotas y me permito liberar todo aquello que, estoy seguro pensamos más de uno pero que, sin embargo, casi nunca se suelta desde este rincón periférico de aquí arriba.

Es inconcebible que millones de culés españoles, estén aún sometidos al constante pregón supremacista blanco de una alineada prensa deportiva nacional que pretende seguir sosteniendo, por la cara, el derecho de pernada de una institución que se dedicó a aprovechar todo cuanto pudo una lamentable coyuntura política que le fue favorable.

Es inadmisible que personajes como Látigo Serrano, Juanma Rodriguez, Josevi Hernáez, Juan Antonio Alcalá, Tomás Roncero, Paco García Caridad, o tantos otros cavernarios ilustres, puedan seguir permitiéndose insultar impunemente a un club, a una afición y a un país, mientras se cortan las venas de desesperación cuando Laporta expresa sus ideas políticas, Piqué exhibe una manita, o Rosell se permite decir verdades como puños, aunque sean políticamente incorrectas.

Es demencial que un presidente, disfrazado de señor, financie los desvaríos de esos medios afines y se esconda tras las sombra de un entrenador que desbarra amparado por aquellos que se dedican a la cacería del técnico rival.

Es intolerable que el mejor equipo de la historia del fútbol, sea admirado en todo el mundo, mientras que en España se menosprecien continuadamente sus éxitos, llegando al paroxismo de establecer una suerte de comparación surrealista entre los incontestables títulos blaugranas de la era Guardiola y los imaginarios logros del mourinhismo.

Se ha alcanzado un punto de no retorno en que los títulos del Inter son jaleados por la merengonada. Ahora resulta que si el Barça ha conquistado trece de los últimos dieciséis títulos posibles, el mérito es del Madrid, que cuenta con un entrenador capaz de arrebatarle dos de esos tres títulos no conseguidos (aunque uno de ellos haya sido con otro equipo). La Copa defenestrada por Sergio Ramos parece tener un valor que crece exponencialmente con cada triunfo del Barça. 

En ese punto de no retorno, no se conoce el ridículo ni la vergüenza, y si el Barça se impone en el Mundial de Clubes ante un equipo de la solera del Santos, la Central Lechera se mofa de un rival de poca monta, obviando que apenas una semana antes, los de Guardiola han vuelto a darle un meneo considerable a ese equipo que vende el liderato de la Liga como si de la propia Champions se tratase.

Porque en definitiva, su constante huida hacia adelante, lleva a la prensa filomadridista a inventarse un palmarés virtual con el que justificar el todo o nada florentiniano que, si o si, debe dar sentido a la galáctica inversión destinada a descabalgar al F.C. Barcelona de una posición que, el madridismo más recalcitrante, considera reservada para el Real Madrid por derecho divino. De este modo, después de una Copa del Rey auténtica, que se ha rentabilizado hasta el infinito, la máquina de propaganda blanca tiene la sinvergonzonería de elevar pichichazos a carácter de conquista épica, desarrollar la teoría del campeón de la pretemporada (aunque el Madrid palme en la Supercopa de España), invalidar títulos internacionales del Barça cada vez que los blaugranas consiguen un nuevo éxito, para mantener un supuesto dominio blanco en el palmarés global entre ambos equipos, y sobrepasar cualquier límite del ridículo inventándose la Liga 2011, que por supuesto se adjudica el Madrid de sus amores (a partir de ahora, equipos como el Levante podrán conseguir la Liga quincenal o intersemanal).


Pues nada, que sigan gozando con el educado Mourinho, con el humilde Cristiano, con el solidario Florentino y con los voceros a sueldo contratados para manipular hasta la extenuación. Los demás, seguiremos disfrutando del mejor fútbol de todos los tiempos.

domingo, 18 de diciembre de 2011

¿Mundialito, Intercontinental, Copa Toyota? Lo mismo da: son los mejores del mundo.


El Mundialito, la Copa Intercontinental, la Copa Toyota... Lo llamemos como lo llamemos, el Mundial de Clubes es un título que, como el resto de Supercopas, es inversamente valorado dependiendo de quien lo conquiste.

Si es tu equipo quien lo gana, es el título más importante de la temporada. Si quien lo gana es tu eterno rival, es una pachanga veraniega incrustada en pleno mes de diciembre. 

Esa valoración bipolar, como tantas otras cosas en nuestro fútbol, vale más o menos para las dos trincheras.

Sin embargo, esta edición del Mundial de Clubes deja la sensación de coronar, indiscutiblemente, ya no al mejor equipo del mundo, sino al mejor equipo de la historia.

Le demos la importancia que le demos a la competición, es indiscutible que para participar, y por tanto para ganar, es necesario haberse adjudicado antes, en el caso de Barça o Madrid, la Champions.

El F.C. Barcelona se presentó en Yokohama con el bagaje de 12 títulos de 15 disputados durante la era Guardiola (13 de 16 ahora). Entre otros, el Barça, conquistó el Mundial de Clubes hace dos años, así como las últimas tres ligas, y la última Champions, que le otorgó la plaza para medirse al Santos de Neymar en la final de este mundialito. Esta hegemonía ya otorga, de por si, la consideración de mejor equipo del mundo. La consecución del título, la oficializa.

Por todo ello, sorprende que desde lo más recondito de la caverna, algún iluminado menosprecie aún el logro del Barça y saque pecho por el hat-trick de Cristiano Ronaldo en Sevilla, tan sólo una semana después de que Leo Messi, como ha hecho hoy en Japón con Neymar, empequeñeciese en el propio Santiago Bernabéu al ansioso goleador portugués.

Suena ridículo que alguien pueda ningunear al Santos, campeón de la Copa Libertadores, cuando aún le escuece el meneo de hace sólo una semana.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Cuando mentir es gratis.

Sorprendente terquedad de la caverna, repitiendo movimientos que no hacen más que mostrar sus puntos débiles y que, además, no consiguen guiar a su equipo hacía la situación deseada.
Ya nadie discute que no existe una prensa deportiva “nacional” y objetiva. La prensa deportiva, como el resto de medios, se reparte entre grupos de comunicación pertenecientes a conglomerados empresariales, que defienden intereses económicos y políticos determinados.

Cada medio de comunicación se dirige a un público objetivo, y el propósito no es otro que cuadrar las cuentas de resultados fidelizando a una audiencia lo más numerosa posible.

Partiendo de esta premisa, es absurdo negar que la prensa de Barcelona ensalza los logros del Barça y destaca los problemas del Real Madrid, cuyos seguidores no son sus consumidores habituales. Evidentemente, la prensa de Madrid aplica el mismo planteamiento, pero a la inversa.

En este marco, y de un tiempo a esta parte, la estrategia de lo que podemos denominar como los medios nacional madridistas es, ante el incontestable dominio blaugrana, intentar “por lo civil o por lo criminal” alterar esta situación.

La intención, aunque alejada de lo que se entiende estrictamente como función periodística, no deja de enmarcarse en la absoluta mercantilización de los medios, cuyo objetivo último y generalizado, parece limitarse a vender más diarios.

Ningún medio, sea cual sea su pelaje o camiseta, puede ser considerado ejemplo de virtud.

Sin embargo, ante la prolongación en el tiempo de una hegemonía deportiva periférica, que está removiendo las estructuras ideológicas de un madridismo que era absolutamente dominante en España, algunos medios, los más alineados, la caverna en definitiva, han optado por una estrategia que no es casual, y que está perfectamente diseñada.

Se trata de vender diarios o espacios publicitarios a base de enmascarar la realidad y modularla al gusto de un público que ellos prevén que siga siendo mayoritario en el futuro.

Es decir, si gana el Madrid, vendemos más diarios. Si pierde el Madrid, es incluso posible que vendamos aún más diarios.

Un ejemplo muy claro de todo esto es el impagable programa de Intereconomía, Punto Pelota, desde donde se practica una indisimulable campaña de acoso y derribo contra el F.C. Barcelona, capaz de contentar al espectador tipo de la cadena, pero donde las mayores puntas de audiencia se concentran después de los triunfos del Barça, a base del escarnio público de sus colaboradores más ultras, que sirven, voluntariamente, de objetivo del morbo rival a base de desnudar su supuesta
fustración.




En la misma trinchera, pero con diferente metodología, se encuentran los dos diarios deportivos de Madrid.

As ha exportado y exprimido hasta agotarla, la teoría del villarato. El fin es el mismo. Cuando gana el Madrid, lo hace imponiéndose incluso a las circunstancias, cuando lo hace el Barça, el escándalo de las ayudas arbitrales, sigue captando el interés de sus lectores, e incluso engancha a los de la competencia.

Marca, por su parte, ha apostado por el ataque sistemático a aquello que parece preocuparle más del F.C. Barcelona, de aquello que, más allá del juego, puede hacer peligrar realmente la preponderancia blanca en su mercado natural más allá de Madrid, que es toda España. Marca ataca los valores del Barça.

Desde Marca se ha cuestionado la ideología política de Joan Laporta, el perfil personal de Sandro Rosell, el saber ganar del F.C. Barcelona como institución,  la deportividad de los jugadores del Barça y, especialmente, la personalidad de Pep Guardiola.

El último ejemplo, son las críticas a la respuesta de Guardiola a la enésima portada arrabalera de Marca.

Marca dice: “El Barça pone al Guaje en el mercado. Villa en Venta”. Pep Guardiola responde que “Marca miente”, y pocos días después de la última exhibición blaugrana en el Bernabéu y a pocas horas de la disputa de la semifinal del Mundialito de clubes, los lectores de Marca pueden distraer su atención de los éxitos del Barça, centrándose en lo mala persona que es el antagonista del angelical Mourinho, al atreverse a tildar de mentiroso al estandarte de la sacro santa Central Lechera.

La segunda acepción de mentir en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, define mentir como “inducir a error”.

Si Marca afirma que Villa está en venta, Marca miente, porque confunde sensaciones o comentarios, con una situación real, y por tanto induce a error a sus lectores.

Pero no importa, porque mentir es gratis.

Si Villa cumple su contrato con el Barça, Marca siempre podrá decir que sus fuentes le confundieron, esto es, le mintieron.

Si Villa, por cualquier circunstancia, saliese del Barça, antes de que finalice su contrato, los señores de Marca saldrán raudos y veloces a recordar que “el tiempo pone a cada uno en su sitio”.

A día de hoy, el argumento más sólido en el que Marca basa su información, es en que Henry, Eto’o, Ibrahimovic y Bojan también se fueron.

Pues sí. Rigor periodístico llevado al máximo exponente.

martes, 13 de diciembre de 2011

¿Quién mea realmente colonia?

El madridismo vive inmerso en la gran paradoja en la que le ha instalado una caverna que no quiere aprender de sus errores.

Después de décadas menospreciando al gran rival en base a una notable diferencia de palmarés, parece que el palmarés es mera anécdota y se ensalza un pasado en blanco y negro, hasta que la consecución de una Copa del Rey es capaz de eclipsar Champions, Ligas, Supercopas de Europa y de España, Mundialitos e incluso otras Copas del Rey.

Después de lustros ninguneando al gran rival por una madriditis entendida como inequívoco signo de debilidad, la barcelonitis se convierte en la idea central que explica el madridismo del siglo XXI.

Después de años cachondeándose del gran rival por un victimismo basado en árbitros y comités, el merengonismo militante adopta el villarato, el platinato y el llourinhismo como argumentos centrales capaces de explicar la hegemonía blaugrana.

Pero la gran contradicción cavernaria es su machacona insistencia en criticar hasta la obsesión comportamientos ajenos, reales o ficticios, que ella misma es capaz de elevar al máximo exponente.

Resulta desquiciante que los mayores hipócritas de la galaxia sean capaces de hostigar al símbolo de su fustración con la extraña acusación de mear colonia, cuando, año tras año, caen en el políticamente correcto vicio de disfrazarse de objetivos cronistas de la realidad, para despojarse rápidamente de ese disfraz que, sin embargo, justifica cualquier posterior pasada de frenada.

No hay más que ver las soflamas lanzadas inmediatamente antes de los últimos clásicos, llamados a ser el punto de partida del tan anhelado fin de ciclo, convertidas después en portadas que parecen devolver la cordura a una fanatizada prensa deportiva.
Sin embargo, eso no es más que una enorme meada de colonia utilizada como coartada para, inmediatamente, retomar un bucle autodestructivo en el que se repiten gestos y actitudes que, lejos de acompañar un proyecto deportivo capaz de mostrarse como alternativa, jalea una huida hacia adelante llamada a recordar una abollada Copa del Rey como el mayor hito de un mourinhismo adueñado de una institución centenaria.

Ese bucle, lo sugiere hoy en As Alfredo Relaño, en su aparente loa al Barça, La duda es si Mourinho está en el camino, cuando dice que "en fútbol, el Barça está por delante y cara a cara lo impone", pero acto seguido enseña la patita cuando, misteriosamente, resucita al hijo bastardo de su villarato, el platinato, apuntando que "con un fútbol muy físico puso en apuros el Chelsea al Barça, cuando aquella célebre semifinal de Ovrebo".

¿Obrevo? No es más que el primer paso para volver, con una mourinhista excusa más en la mochila (la suerte), al incansable acoso y derribo que culminará la próxima primavera, para regocijo merengue generalizado, con despertares de la bestia, fines de ciclo y pichichazos galácticos.

domingo, 11 de diciembre de 2011

La obsesión y el concepto.

Espectáculo. Diga lo que diga la caverna, el Barça ha vuelto a demostrar que está a años luz del Madrid.

Es muy fácil pretender estar a la altura del eterno rival, pero las distancias cortas desnudan las vergüenzas, y los de Mou no resisten la comparación con el mejor equipo del mundo en el cara a cara.

Ni la insuperable capacidad del entrenador portugués para fabricarse un arsenal de quejas con las que dar munición a su entorno mediático puede tapar la verdad.

Está demostrado que la obsesión por restar méritos al rival buscando cualquier tipo de excusa ajena al juego, es incapaz de superar en el terreno de juego al concepto claro de como se juega al fútbol. 

"La suerte ha hecho un poco la diferencia", declaraba un Mourinho desencajado pocos minutos después del final del partido, insinuando además que el primer gol del Barça llega porqué sus jugadores están condicionados a la hora de frenar a Messi.

Nada ha cambiado. Todo sigue igual. Dentro de una semana volverán a oírse aullidos desde la caverna, y eso es bueno, porque mientras la máxima preocupación del aparato de propaganda blanco sea anunciar el fin de ciclo, los demás podremos seguir disfrutando del mejor fútbol de la historia.  

sábado, 10 de diciembre de 2011

Visca el Barça, manque pierda.

A muy pocas horas del Real Madrid - F.C. Barcelona de liga que se juega esta noche en el Santiago Bernabéu, tengo el total convencimiento de que el equipo de Guardiola ganará, y ganará bien.

Lo digo tal como lo siento, para que no haya dudas de que la confianza en el Barça es absoluta.

Pero como es imposible que el Barça gane ininterrumpidamente en el Bernabéu, o en cualquier otro estadio, los próximos cincuenta años, quiero hacer referencia a dos ideas leídas esta mañana en Mundo Deportivo.

Por un lado, Ricard Torquemada, en su artículo No todos pierden lo mismo, dice que “el Barça se juega hoy un título, pero al Madrid le va la vida”, mientras que en otro orden de cosas, Jordi Évole, en Juego, luego existo, recuerda una de las frases del recientemente fallecido Sócrates: “No hay que jugar para ganar, sino para que no te olividen”.

Creo que en esas dos ideas se resume el partido de esta noche.

El único miedo que puede tener un barcelonista es a la reacción de una caverna absolutamente desatada, en caso de una victoria madridista.

En cualquier otro aspecto, el Barça ya ha ganado antes de jugar, porque a día de hoy, y por mucho que algunos se empeñen en ponerlo en entredicho, la idea de futuro es la del Barça. Y eso permite afrontar los retos que han de venir con la máxima tranquilidad.

Como dirían los amigos de Heliopólis, Visca el Barça, manque pierda.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Calentando motores...

Este año, no necesitamos un 2-6. Pero que bonito sería un 0-5...


Força Barça!!!

jueves, 8 de diciembre de 2011

¿Soborno o platinato?

En plena era de récords barcelonistas, el madridismo mediático se extasía con la impecable fase de grupos completada por el Real Madrid en Champions.
Es muy natural. Los jugadores blancos han conseguido un pleno de victorias en la liguilla, y han conseguido la mayor diferencia de goles en la historia de la competición.

A pocos opinadores alineados, sin embargo, parece preocuparles que la victoria del equipo del portugués Mourinho, fuese enormemente facilitada por la labor del portugués De Sousa.

Los focos cavernarios se centran en el extraño resultado de Zagreb, ignorando los errores arbitrales del Amsterdam Arena. El 1-7 del Olimpique de Lyon ante el Dinamo, supone la eliminación de un Ajax al que los dos goles anulados por De Sousa le habrían supuesto el pase a octavos.

Inmersos en una teoría del platinato que, milagrosamente, parece haber desaparecido con la llegada del buen juego del Real Madrid, los adalides de la tesis conspirativa se resisten a dejarla morir, y en una nueva pirueta argumental, arremeten contra la UEFA por el resultado de Zagreb, pero siendo muy comprensivos con el arbitraje del paisano de Mourinho en Amsterdam.

Y sin embargo, partiendo de la base de que el platinato incide en la actuación arbitral, deberíamos pensar que  el Sr. Platini tenía mucho interés en que los medios filomadridistas presumiesen de récord en sus portadas de hoy, porque el árbitro si influyó en la victoria del Madrid, mientras que no tuvo nada que ver en la victoria del Lyon.

Evidentemente, el Real Madrid no necesitaba la victoria ante el Ajax, pero es muy revelador comprobar como aquellos que han elucubrado sobre teorías conspirativas construidas sobre polémicas artificiales y supuestos de libre elección, restan importancia a los escasos centímetros que separan un fuera de juego de un gol y dan por supuesto que el Real Madrid habría ganado en Amsterdam, como siempre, de todas formas.

Según Relaño, "el Madrid no se favorece de ello, este partido no le servía de nada, aunque por las dudas marcó tres". Es, como mínimo sorprendente, porque desde su tribuna ha puesto en duda el mismísimo 5-0 por un supuesto penalty de Víctor Valdés, que podría haber significado un hipotético 2-1 que, teoricamente, habría cambiado el rumbo del partido.

Cuando les conviene, los errores son anecdóticos, cuando no, son producto de una conjura planetaria contra el indefenso club de Concha Espina.

¿No sería más fácil admitir que los árbitros se equivocaban, se equivocan y se equivocarán, y que ellos se han hartado de manipular?

La fortuna del Real Madrid.

Que al Ajax le anulen dos goles contra el Real Madrid me sabe mal. Me sabe mal porqué son dos goles que podrían haber clasificado al Ajax para los octavos de final de Champions, y el Ajax me cae mejor que el Olimpique de Lyon.

Y ahí acaba todo.


Que un arbitro portugués se equivoque en la apreciación de dos fueras de juego, forma parte intrínseca de un espectáculo en el que se carga con toda la responsabilidad de decidir en un instante, ayudado o perjudicado por sus auxiliares, a un juez único y absoluto.

Eso lo entienden muy bien en Marcador, de Radio Marca. 

Durante la transmisión del Ajax-Real Madrid, y después de que el árbitro portugués, De Sousa, hubiese anulado dos goles legales a los holandeses, Látigo Serrano pide que De Sousa arbitre el clásico del Bernabéu del próximo sábado, y Edu García justifica los errores del árbitro por lo difícil que es apreciar en directo los escasos centímetros que separan la legalidad de la ilegalidad (si sumas dos o tres errores, mala suerte).

Látigo Serrano, además, cree que el Real Madrid ha tenido fortuna con el arbitraje y que la gente no debería rasgarse las vestiduras, ya que el compatriota de Mourinho no está adulterando la competición (que se lo digan al Ajax, que ha quedado fuera).


Aún recordamos como Mourinho, en la previa del enfrentamiento de Champions de la pasada temporada en el Bernabéu, muy ufano después de conseguir la Copa del Rey, criticaba a Guardiola por sorprenderse de como el árbitro había podido apreciar esos escasos centímetros que separan la legalidad de la ilegalidad para anular, correctamente, un gol de Pedro en la final de Copa.


Efectivamente. Los centímetros que separan al hermano bastardo del villarato, el platinato, de los lógicos errores humanos son muy poquitos. Sobre todo cuando se miden desde Madrid.

A ver si son tan comprensivos con el árbitro si el sábado le anula un gol legal al Real Madrid (Dios no lo quiera) por esos escasos centímetros que sólo se ven en televisión.

En Amsterdam y Lyon aún se acuerdan de la fortuna del Real Madrid con De Sousa. 

viernes, 2 de diciembre de 2011

Sería bonito.

En un mundo ideal, quisiera que el Barça jugase en el Bernabéu con una defensa de tres.


Si mis deseos se convirtiesen en realidad, el Barça le daría un repaso, una vez más, al Madrid.

Yo preferiría que Guardiola prescindiese de Piqué, aunque el Comité de Competición le haya sancionado con un único partido y pueda estar ante el Real Madrid.

Y si se me permitiese tocar por una vez las narices, le pediría a Pep que con un 0-2 en el marcador, por ejemplo, substituyese a Messi por Piqué en el minuto 85.

¿Ganas de provocar? No. Ganas de leer a Roncero en As al día siguiente.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

El manual de quejas.

Está claro Piqué no es un dechado de perspicacia (moc, moc…). La clase que transpira su fútbol, debería concordar con una mejor ubicación general fuera del terreno de juego.

Pero evidentemente, el mayor problema de Piqué, según la caverna mediática, es su condición de jugador del F.C. Barcelona.

Sin entrar a juzgar la conveniencia o no de la normativa que prohíbe a los jugadores forzar una tarjeta para limpiar su ciclo, es curioso observar como para los analistas del movimiento, en la tarjeta que forzó Xabi Alonso el pasado sábado frente al Atlético, “no hubo lugar a la polémica porque en una acción clara mediada la primera parte trabó a Salvio y la amarilla se la mostró Mateu Lahoz”, mientras que Gerard Piqué, “por listo, no debería jugar en el Santiago Bernabéu”.

Lo de listo deberíamos ponerlo en cuarentena. Ya que la norma indica que queda a criterio del árbitro determinar si el jugador fuerza o no la tarjeta, pero después, al cumplimentar el acta, el colegiado debe limitarse a reflejar los motivos estrictos de la amonestación, parece claro que lo fácil es partirle la tibia a un rival. Con eso “no hay lugar a la polémica”, ya que “pasarse de listo” es lo mismo que hacer el panoli.

En definitiva, pese a que todo el mundo hace lo mismo, no estaría de más que Guardiola, decida lo que decida el Comité de Competición, dejase a Pique en el banquillo el próximo 10 de diciembre.

No se trata de plegarse a la presión del aparato blanco, se trata de dar una lección de deportividad a un entorno que, preso de una lacerante barcelonitis, es absolutamente incapaz de encarar cualquier reto frente al F.C. Barcelona sin echar mano del manual de quejas mourinhistas.

¿Messi o Cristiano?

Si Cruyff fuese el entrenador del Barça, el fichaje de Guti en el mercado de invierno sería posible.



¡Lo que nos íbamos a reír!

martes, 29 de noviembre de 2011

¿Cómo hemos cambiado?

Hoy hace un año del tremendo revolcón del Madrid de Mourinho en el Camp Nou.
El 29 de noviembre de 2010, el F.C. Barcelona afrontaba la visita del Real Madrid a su estadio con un punto de desventaja respecto a los blancos, que acudían como líderes del campeonato a Barcelona.
Un año después, el Barça está seis puntos por debajo en la clasificación y acudirá al Bernabéu con un partido más que el Real Madrid, debido al adelanto del partido ante el Rayo Vallecano con motivo de la disputa del Mundial de Clubes.
Hasta ahí los hechos. A partir de aquí, las interpretaciones.
El subidón producido entre el merengonismo militante por la derrota del Barça en Getafe, que junto al extraordinario arranque del Madrid, han abierto la actual brecha de puntos, está siendo explotado por los medios afines (lógicamente) como el punto de partida del ansiado fin de ciclo blaugrana.
La realidad es que un año después de la tremenda somanta del Camp Nou, el Barça se presentará en el Santiago Bernabéu con una Liga, una Champions y una Supercopa de España conquistadas en directa competencia con el Real Madrid, y con una Copa perdida, así mismo, contra el equipo de Mourinho.
El balance, pese a lo que se transmite desde Madrid, es claramente favorable a un F.C. Barcelona que, aunque no lo parezca, aún depende de sí mismo para conquistar el título de Liga.
Negar los méritos de un Madrid consolidado sería absurdo, pero persiste la obsesión de la prensa filomadridista en menospreciar a un Barça que, al igual que su Real Madrid, sigue vivo en Liga, lidera, ya clasificado para octavos, su grupo en Champions, mantiene intactas sus opciones en la Copa del Rey y, además, opta a su segundo mundialito. Esta obsesión, curiosamente, ha reportado escasísimos beneficios.
Los exaltados de turno no deberían perder de vista que el Barça llegaba a Getafe con una racha de 27 partidos oficiales sin perder.
Indiscutiblemente, es mejor gestionar seis puntos de ventaja que de desventaja, pero la auténtica exigencia para los hombres de Guardiola se dará en los dos enfrentamientos directos contra el Real Madrid.
Es ahí donde Mourinho podrá especular con el resultado. Si el Real Madrid se impone en el enfrentamiento del próximo 10 de diciembre, no tendrá ganada la Liga pero, entonces sí, habrá dado un paso de gigante.
Una nueva exhibición de un Barça acostumbrado a responder con garantías en las grandes citas, además de dejar sin argumentos a los paladines del fin de ciclo, volvería a acortar una distancia que, ante los compromisos pendientes de aquí a final de temporada, quedaría reducida a la mínima expresión.
O sea, que sí. Hemos cambiado, pero ¿tanto?

domingo, 27 de noviembre de 2011

¿En qué quedamos?

La prensa deportiva española es nefasta, los periodistas deportivos españoles son unos cenutrios y la afición futbolera española está abducida en su totalidad.

Estas afirmaciones carecen, evidentemente, de fundamento. Lo que hay son grupos mediáticos que producen prensa futbolística absolutamente amarilla, prisionera de intereses económicos y políticos que se convierte en el caldo de cultivo idóneo para que un grupo de correveydiles y abrazafarolas, que diría aquel, generen un estado de opinión absolutamente orientado al enfrentamiento, en el que los aficionados más forofos encuentran los argumentos necesarios para enfocar toda su mala baba. 

Es decir, ni la prensa deportiva en su conjunto es tan, tan mala, no todos los periodistas deportivos son unos hooligans con bolígrafo, y en absoluto todos los aficionados al fútbol son unos energúmenos manipulados.

Como en cualquier otro ámbito, generalizar equivale a equivocarse, ya que medir con el mismo rasero a todo un colectivo es injusto e interesado.

Sin embargo,  el hecho diferencial en el mundo del periodismo deportivo es que, al contrario de lo que sucede en otros terrenos, aquí no es una minoría la que hace mucho ruido; los que hacen muchísimo ruido son la mayoría de los medios. 

A partir de ahí cada cual tiene sus colores, con los que se atrinchera en su garita, intenta mantenerse en un margen estrictamente objetivo o reniega directamente de todo y se refugia en las carreras de galgos, el bádminton o cualquier otro deporte alejado de la furia bipolar.

Aceptando que cada facción apoye a su equipo, que cada bando ningunee los logros del rival y que todos lo discutan casi todo, y teniendo claro hacia qué lado carga cada uno y que por cada acera pululan extraordinarios profesionales acompañados de impresentables palmeros, una diferencia destaca entre tanta tergiversación.

Los que tienen el altavoz más gordo han desarrollado la capacidad de utilizar cualquier argumento a cuenta de beneficios, sin importar si el día anterior utilizaron el mismo argumento en sentido contrario, o si la semana pasada defendieron la misma cuestión con un argumento totalmente opuesto. Nada importa. Todo vale.

¿Qué un jugador propio entra en plancha a la altura de la tibia y es expulsado? Platinato.
¿Ese mismo jugador es objeto, a los pocos meses, de una entrada similar y el infractor no es expulsado? Platinato.

Perdón. ¿Siempre platinato? Parece lógico que si el árbitro prevaricó expulsando la primera vez, porqué la entrada no era merecedora de tarjeta roja, esté de más protestar cuando el árbitro “acierta” no expulsando a un jugador contrario. ¿No es acaso la misma jugada? ¿Es lógico reclamar aquello que se negaba?

El central del eterno rival celebra con su afición, en su estadio, un resultado glorioso, histórico, casi irrepetible. ¡Falta de respeto! ¡Provocación!
El entrenador plenipotenciario de tu equipo monta el show en campo contrario, cabalgando en un callejón sin salida. ¡Halago al rival!

O sea, la provocación de aquel, ya no es una provocación; ¿se convierte en halago a tu equipo?

Tu entrenador no para de desbarrar. ¡Elogio de la sinceridad! ¡Fuera la hipocresía!
El otro entrenador intenta ser comedido. ¡Mea colonia! Responde a una provocación directa del puto amo ¡Energúmeno!


¿Los jugadores contrarios caen como moscas ante la contundencia de tus defensas? ¡Teatro del bueno!
¿En tú equipo hay un fideo que no se sostiene? Es una pobre víctima de la violencia de los rivales.


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¿En qué quedamos?

¿Más ejemplos? ¿Para qué? Todos sabemos de lo que hablámos. 


Parece que las lecciones de moral son gratuitas.